Sería homosexual en San Francisco, negro en Sudáfrica, asiático en Europa, Chicano en San Isidro, anarquista en España, palestino en Israel, indio Maya en las calles de San Cristóbal, miembro de la mafia en Niza, judío en la Alemania nazi, un ómbudsman [defensor del pueblo] en el Ministerio de Defensa, un comunista tras la guerra fría, un artista sin galería que le exponga, pacifista en Bosnia, ama de casa sola un sábado en la noche en cualquier vecindario de cualquier ciudad mexicana, huelguista en CTM, reportero sin historias con las que llenar las páginas traseras, una mujer sola en el metro a las diez de la noche, un jornalero sin tierra, un parado... un estudiante inconformista, un disidente de la economía de mercado, un escritor sin libros o lectores y, por supuesto, un zapatista en las sierras del sureste de México. Por ello Marcos es un ser humano, cualquier ser humano del mundo. Marcos son todas las minorías explotadas, marginadas y oprimidas resistiendo y clamando: "¡Basta ya!".
viernes, 31 de agosto de 2007
El subcomandante Marcos en sus propias palabras...
Casa tomada...
Caro comparte el videito de YouTube en su blog...
Yo lo coloco acá también... (¿Yo loco loco?)
Nos habituamos Irene y yo a persistir solos en ella, lo que era una locura pues en esa casa podían vivir ocho personas sin estorbarse. Hacíamos la limpieza por la mañana, levantándonos a las siete, y a eso de las once yo le dejaba a Irene las ultimas habitaciones por repasar y me iba a la cocina. Almorzábamos al mediodía, siempre puntuales; ya no quedaba nada por hacer fuera de unos platos sucios. Nos resultaba grato almorzar pensando en la casa profunda y silenciosa y como nos bastábamos para mantenerla limpia. A veces llegábamos a creer que era ella la que no nos dejo casarnos. Irene rechazo dos pretendientes sin mayor motivo, a mi se me murió María Esther antes que llegáramos a comprometernos. Entramos en los cuarenta años con la inexpresada idea de que el nuestro, simple y silencioso matrimonio de hermanos, era necesaria clausura de la genealogía asentada por nuestros bisabuelos en nuestra casa. Nos moriríamos allí algún día, vagos y esquivos primos se quedarían con la casa y la echarían al suelo para enriquecerse con el terreno y los ladrillos; o mejor, nosotros mismos la voltearíamos justicieramente antes de que fuese demasiado tarde.
Irene era una chica nacida para no molestar a nadie. Aparte de su actividad matinal se pasaba el resto del día tejiendo en el sofá de su dormitorio. No se porque tejía tanto, yo creo que las mujeres tejen cuando han encontrado en esa labor el gran pretexto para no hacer nada. Irene no era así, tejía cosas siempre necesarias, tricotas para el invierno, medias para mi, mañanitas y chalecos para ella. A veces tejía un chaleco y después lo destejía en un momento porque algo no le agradaba; era gracioso ver en la canastilla el montón de lana encrespada resistiéndose a perder su forma de algunas horas. Los sábados iba yo al centro a comprarle lana; Irene tenía fe en mi gusto, se complacía con los colores y nunca tuve que devolver madejas. Yo aprovechaba esas salidas para dar una vuelta por las librerías y preguntar vanamente si había novedades en literatura francesa. Desde 1939 no llegaba nada valioso a la Argentina. Pero es de la casa que me interesa hablar, de la casa y de Irene, porque yo no tengo importancia. Me pregunto qué hubiera hecho Irene sin el tejido. Uno puede releer un libro, pero cuando un pullover está terminado no se puede repetirlo sin escándalo. Un día encontré el cajón de abajo de la cómoda de alcanfor lleno de pañoletas blancas, verdes, lila. Estaban con naftalina, apiladas como en una mercería; no tuve valor para preguntarle a Irene que pensaba hacer con ellas. No necesitábamos ganarnos la vida, todos los meses llegaba plata de los campos y el dinero aumentaba. Pero a Irene solamente la entretenía el tejido, mostraba una destreza maravillosa y a mi se me iban las horas viéndole las manos como erizos plateados, agujas yendo y viniendo y una o dos canastillas en el suelo donde se agitaban constantemente los ovillos. Era hermoso.
Cómo no acordarme de la distribución de la casa. El comedor, una sala con gobelinos, la biblioteca y tres dormitorios grandes quedaban en la parte mas retirada, la que mira hacia Rodríguez Peña. Solamente un pasillo con su maciza puerta de roble aislaba esa parte del ala delantera donde había un baño, la cocina, nuestros dormitorios y el living central, al cual comunicaban los dormitorios y el pasillo. Se entraba a la casa por un zaguán con mayólica, y la puerta cancel daba al living. De manera que uno entraba por el zaguán, abría la cancel y pasaba al living; tenía a los lados las puertas de nuestros dormitorios, y al frente el pasillo que conducía a la parte mas retirada; avanzando por el pasillo se franqueaba la puerta de roble y mas allá empezaba el otro lado de la casa, o bien se podía girar a la izquierda justamente antes de la puerta y seguir por un pasillo mas estrecho que llevaba a la cocina y el baño. Cuando la puerta estaba abierta advertía uno que la casa era muy grande; si no, daba la impresión de un departamento de los que se edifican ahora, apenas para moverse; Irene y yo vivíamos siempre en esta parte de la casa, casi nunca íbamos más allá de la puerta de roble, salvo para hacer la limpieza, pues es increíble como se junta tierra en los muebles. Buenos Aires será una ciudad limpia, pero eso lo debe a sus habitantes y no a otra cosa. Hay demasiada tierra en el aire, apenas sopla una ráfaga se palpa el polvo en los mármoles de las consolas y entre los rombos de las carpetas de macramé; da trabajo sacarlo bien con plumero, vuela y se suspende en el aire, un momento después se deposita de nuevo en los muebles y los pianos.
Lo recordaré siempre con claridad porque fue simple y sin circunstancias inútiles. Irene estaba tejiendo en su dormitorio, eran las ocho de la noche y de repente se me ocurrió poner al fuego la pavita del mate. Fui por el pasillo hasta enfrentar la entornada puerta de roble, y daba la vuelta al codo que llevaba a la cocina cuando escuché algo en el comedor o en la biblioteca. El sonido venia impreciso y sordo, como un volcarse de silla sobre la alfombra o un ahogado susurro de conversación. También lo oí, al mismo tiempo o un segundo después, en el fondo del pasillo que traía desde aquellas piezas hasta la puerta. Me tire contra la pared antes de que fuera demasiado tarde, la cerré de golpe apoyando el cuerpo; felizmente la llave estaba puesta de nuestro lado y además corrí el gran cerrojo para más seguridad.
Fui a la cocina, calenté la pavita, y cuando estuve de vuelta con la bandeja del mate le dije a Irene:
-Tuve que cerrar la puerta del pasillo. Han tomado parte del fondo.
Dejó caer el tejido y me miró con sus graves ojos cansados.
-¿Estás seguro?
Asentí.
-Entonces -dijo recogiendo las agujas- tendremos que vivir en este lado.
Yo cebaba el mate con mucho cuidado, pero ella tardó un rato en reanudar su labor. Me acuerdo que me tejía un chaleco gris; a mi me gustaba ese chaleco.
Los primeros días nos pareció penoso porque ambos habíamos dejado en la parte tomada muchas cosas que queríamos. Mis libros de literatura francesa, por ejemplo, estaban todos en la biblioteca. Irene pensó en una botella de Hesperidina de muchos años. Con frecuencia (pero esto solamente sucedió los primeros días) cerrábamos algún cajón de las cómodas y nos mirábamos con tristeza.
-No está aquí.
Y era una cosa mas de todo lo que habíamos perdido al otro lado de la casa.
Pero también tuvimos ventajas. La limpieza se simplificó tanto que aun levantándose tardísimo, a las nueve y media por ejemplo, no daban las once y ya estábamos de brazos cruzados. Irene se acostumbró a ir conmigo a la cocina y ayudarme a preparar el almuerzo. Lo pensamos bien, y se decidió esto: mientras yo preparaba el almuerza, Irene cocinaría platos para comer fríos de noche. Nos alegramos porque siempre resultaba molesto tener que abandonar los dormitorios al atardecer y ponerse a cocinar. Ahora nos bastaba con la mesa en el dormitorio de Irene y las fuentes de comida fiambre.
Irene estaba contenta porque le quedaba mas tiempo para tejer. Yo andaba un poco perdido a causa de los libros, pero por no afligir a mi hermana me puse a revisar la colección de estampillas de papa, y eso me sirvió para matar el tiempo. Nos divertíamos mucho, cada uno en sus cosas, casi siempre reunidos en el dormitorio de Irene que era más cómodo. A veces Irene decía:
-Fijate este punto que se me ha ocurrido. ¿No da un dibujo de trébol?
Un rato después era yo el que le ponía ante los ojos un cuadradito de papel para que viese el mérito de algún sello de Eupen y Malmédy. Estábamos bien, y poco a poco empezábamos a no pensar. Se puede vivir sin pensar.
(Cuando Irene soñaba en alta voz yo me desvelaba en seguida. Nunca pude habituarme a esa voz de estatua o papagayo, voz que viene de los sueños y no de la garganta. Irene decía que mis sueños consistían en grandes sacudones que a veces hacían caer el cobertor. Nuestros dormitorios tenían el living de por medio, pero de noche se escuchaba cualquier cosa en la casa. Nos oíamos respirar, toser, presentíamos el ademán que conduce a la llave del velador, los mutuos y frecuentes insomnios.
Aparte de eso todo estaba callado en la casa. De día eran los rumores domésticos, el roce metálico de las agujas de tejer, un crujido al pasar las hojas del álbum filatélico. La puerta de roble, creo haberlo dicho, era maciza. En la cocina y el baño, que quedaban tocando la parte tomada, nos poníamos a hablar en vos mas alta o Irene cantaba canciones de cuna. En una cocina hay demasiados ruidos de loza y vidrios para que otros sonidos irrumpan en ella. Muy pocas veces permitíamos allí el silencio, pero cuando tornábamos a los dormitorios y al living, entonces la casa se ponía callada y a media luz, hasta pisábamos despacio para no molestarnos. Yo creo que era por eso que de noche, cuando Irene empezaba a soñar en alta voz, me desvelaba en seguida.)
Es casi repetir lo mismo salvo las consecuencias. De noche siento sed, y antes de acostarnos le dije a Irene que iba hasta la cocina a servirme un vaso de agua. Desde la puerta del dormitorio (ella tejía) oí ruido en la cocina; tal vez en la cocina o tal vez en el baño porque el codo del pasillo apagaba el sonido. A Irene le llamo la atención mi brusca manera de detenerme, y vino a mi lado sin decir palabra. Nos quedamos escuchando los ruidos, notando claramente que eran de este lado de la puerta de roble, en la cocina y el baño, o en el pasillo mismo donde empezaba el codo casi al lado nuestro.
No nos miramos siquiera. Apreté el brazo de Irene y la hice correr conmigo hasta la puerta cancel, sin volvernos hacia atrás. Los ruidos se oían mas fuerte pero siempre sordos, a espaldas nuestras. Cerré de un golpe la cancel y nos quedamos en el zaguán. Ahora no se oía nada.
-Han tomado esta parte -dijo Irene. El tejido le colgaba de las manos y las hebras iban hasta la cancel y se perdían debajo. Cuando vio que los ovillos habían quedado del otro lado, soltó el tejido sin mirarlo.
-¿Tuviste tiempo de traer alguna cosa? -le pregunté inútilmente.
-No, nada.
Estábamos con lo puesto. Me acordé de los quince mil pesos en el armario de mi dormitorio. Ya era tarde ahora.
Como me quedaba el reloj pulsera, vi que eran las once de la noche. Rodeé con mi brazo la cintura de Irene (yo creo que ella estaba llorando) y salimos así a la calle. Antes de alejarnos tuve lástima, cerré bien la puerta de entrada y tiré la llave a la alcantarilla. No fuese que algún pobre diablo se le ocurriera robar y se metiera en la casa, a esa hora y con la casa tomada.
Te doy una canción...
Cómo gasto papeles recordándote,
cómo me haces hablar en el silencio,
cómo no te me quitas de las ganas
aunque nadie me ve nunca contigo.
Y cómo pasa el tiempo que de pronto son años
sin pasar tú por mí, detenida
Te doy una canción si abro una puerta
y de las sombras sales tú.
Te doy una canción de madrugada,
cuando más quiero tu luz.
Te doy una canción cuando apareces
el misterio del amor,
y si no lo apareces no me importa:
yo te doy una canción.
Si miro un poco afuera me detengo:
la ciudad se derrumba y yo cantando,
la gente que me odia y que me quiere
no me va a perdonar que me distraiga.
Creen que lo digo todo, que me juego la vida,
porque no te conocen ni te sienten.
Te doy una canción y hago un discurso
sobre mi derecho a hablar.
Te doy una canción con mis dos manos,
con las mismas de matar.
Te doy una canción y digo: “Patria”,
y sigo hablando para ti.
Te doy una canción como un disparo,
como un libro, una palabra, una guerrilla:
como doy el amor.
(1970)
miércoles, 29 de agosto de 2007
Muchas instrucciones... (ezln)
No mire hacia atrás. Suele bastar con eso...
INSTRUCCIONES PARA MEDIR EL SILENCIO
Basta con los suspiros. Pero no los cuente, el resultado suele ser desalentador.
INSTRUCCIONES PARA LAS LÁGRIMAS
Forme un cuenco con las manos, deposite las lágrimas una a una. Lleno el cuenco, vacíelo en un paraje extraño y forme tantos mares como sea necesario. Bautice los mares con nombres apocalípticos y hermosos. Evite las obviedades como "Mar Amargo" y "Mar de las Penas y los Gozos". "Mar Árbol", "Mar Sol", "Mar Sombrero" y nombres parecidos son los más indicados.
Sin pelos en la lengua... NO AL TLC
Costa Rica sigue en pié de lucha contra el imperialismo trasnacional y sus tratados de "libre" comercio. Y en esa lucha surge del poder creativo del pueblo, hermosas formas de poesía humanizadora. Como este dibujo de Olman Bolaños, que publicó hace días Alejandra en el blog de SEFCA (Servicios Ecuménicos de Formación Cristiana), o la poesía de Álvaro Villegas, que declamó Linneth Campos, de 12 años, y que logró enojar al presidente Óscar Arias y a los ministros que lo acompañaban.GRITOS DE LA PAMPA
por *Alvaro Villegas,*
declamada por niña*: Linneth Campos*
De las bajuras vengo y traigo
en el puro cacaste la cepa de nicoyano
y el espíritu de Guanacaste.
Como llanero de cepa sé de angustias y tristezas,
de la gente humilde de esta Pampa Guanacasteca.
Por los tiempos de julio me agarra la pensadera,
si la mentada anexión no fue pura reculadera.
Es que la pura verdad,
ya sin pelos en la lengua Guanacaste con todas sus grandezas,
atilinta penas, miserias y tristezas".
No soy montador, tampoco sabanero,
arriao fui a la tapizca y a la socola como toro matrero,
pero arrecho al café con tamal y a la cuajada con tortilla,
ojalá saliendito del comal.
Pero, pa'que tantos brincos
estando el suelo parejo,
a lo que vine vine y a lo que voy voy.
Crecí, a orillas del río Tempisque,
donde las aguas cristalinas inundaban los maizales y los arrozales,
donde abundaba el cardumen de guapotes y barbudos.
Y al clarear la madrugada, s
e escuchaba el grito del boyero,
acompañado del chillar de las carretas,
que cargadas de arena, iban por el sendero.
El río, traía agua bendita
y simbolizaba la vida del campesino guanacasteco,
pero toda dicha se acaba,
las voluntades se compran y por permisos oficiales,
corren en el Tempisque aguas negras y agroquímicos.
Y en mal agradecimiento a la bondad de la madre naturaleza,
destructivas maquinarias extraen la arena,
estrechando en competencia sin igual,
a los areneros artesanos y destruyendo la vegetación.
Cómplices los municipios,
que callan la explotación desmedida,
de las costas y de la fértil llanura.
Sus silencios como el vuelo de mariposas,
favorecen que las empresas turísticas y agrícolas,
causen la destrucción del ambiente,
que con fines de lucro y egoístas,
alteran la vida de las familias guanacastecas.
Al atardecer, admiro la hermosura de la llanura.
No soy bueno al pretal ni a la vaqueta, pero llevo sangre guanacasteca.
Clamo en estos versos,
por la justicia social en mi tierra,
tierra caliente con sabor a pampa,
donde pocos tienen mucho y muchos no tienen nada,
mientras los políticos amasan fortunas exageradas,
jodiendo al pueblo con sus mentiras y marrulladas.
En noches de luna llena,
con sentimiento añoro la melodía de la marimba,
del juco y el quijongo,
testigos mudos de las penas del guanacasteco,
en las parrandas y coyoleras.
Y al amanecer,
el grito del sabanero que iba de vaquiada,
anunciando que ya empieza su dura jornada,
para demostrar su destreza y bravura.
Y escucho el grito del Dr. Vargas,
con cinco mil campesinos,
rompiendo el silencio de la bajura,
clamando por la confraternidad guanacasteca,
en esta pampa,
donde las costas y demás riquezas naturales,
son acaparadas por los políticos y los inversionistas extranjeros.
Mientras tanto,
vida dura como el corozo,
lleva el legítimo criollo,
el guanacasteco de cepa,
que desde el alba hasta la puesta del sol,
dobla su espalda en el jornal,
con la esperanza de que sus retoños tengan un mejor amanecer.
Como cruel injusticia la pobreza golpea con fuerza en la provincia,
desde la altura hasta la bajura y el pueblo la enfrenta con desesperación,
abriéndole llagas de hambre en el corazón.
Que los proyectos turísticos, son la solución,
dicen los gobernantes,
que crecerá el empleo y mejorara la situación.
Pero en este pueblo de paz y de trabajo,
como plaga dañina, crecerá también la delincuencia y la corrupción.
Y pa'qué desarrollo turístico,
si las empresas no son de los guanacastecos
y si además a la mayoría del pueblo, no le sobra la plata,
para fachentear como turistas en los hoteles cercanos al mar.
Guanacaste, Guanacaste,
provincia que se anexó a Costa Rica por su propia voluntad,
es un paraíso natural que despierta la codicia del imperialismo.
Antes el latifundismo,
luego la explotación del criollo en las minas y haciendas ganaderas,
ahora la explotación turística,
absorbida por la inversión extranjera.
Guanacaste, mi tierra,
tierra bañada en agua bendita por el Cristo de Esquipulas,
La Virgen de Guadalupe y San Caralampio,
tierra de hombres de trabajo, que con sudor han hecho florecer la pampa.
Por qué tienes que ser jineteada,
si con tu anexión has engrandecido a Costa Rica;
ampliaste su geografía,
enriqueciste su folclor y das sustento a su economía.
Desde la anexión, recibes trato inmerecido,
mancillándote en cada 25 de julio,
con discursos floridos llenos de promesas y proyectos no cumplidos,
mientras el pueblo sigue jodido viviendo en tugurios y empobrecido.
Despierta hermano guanacasteco,
despierta tu espíritu indómito,
suéltate el bozal, quítate la talmeca,
demuestra tu coraje y altivez Chorotega,
toma las riendas del potro chúcaro y domina el toro cimarrón del
imperialismo,
luego rájate tus bombas y retahílas,
como un reto lleno de hombría y bailando alegres la yegüita,
nos vamos a tomar chicheme a La Cofradía.
¡Hey, bajuras húmedas, carajo!
Viva Guanacaste, viva nuestra provincia.
Vivan los cantones de la altura y vivan los cantones de la bajura.
Mujeres en la historia del cine
No soy para nada farandulero... Pero este videito que comparte Juliana en Ciberescrituras, sobre rostros de mujeres en la historia del cine, me pareció interesante... Quise compartirlo...
Están Mary Pickford, Lillian Gish, Gloria Swanson, Marlene Dietrich, Norma Shearer, Ruth Chatterton, Jean Harlow, Katharine Hepburn, Carole Lombard, Bette Davis, Greta Garbo, Barbara Stanwyck, Vivien Leigh, Greer Garson, Hedy Lamarr, Rita Hayworth, Gene Tierney, Olivia de Havilland, Ingrid Bergman, Joan Crawford, Ginger Rogers, Loretta Young, Deborah Kerr, Judy Garland, Anne Baxter, Lauren Bacall, Susan Hayward, Ava Gardner, Marilyn Monroe, Grace Kelly, Lana Turner, Elizabeth Taylor, Kim Novak, Audrey Hepburn, Dorothy Dandridge, Shirley MacLaine, Natalie Wood, Rita Moreno, Janet Leigh, Brigitte Bardot, Sophia Loren, Ann Margret, Julie Andrews, Raquel Welch, Tuesday Weld, Jane Fonda, Julie Christie, Faye Dunaway, Catherine Deneuve, Jacqueline Bisset, Candice Bergen, Isabella Rossellini, Diane Keaton, Goldie Hawn, Meryl Streep, Susan Sarandon, Jessica Lange, Michelle Pfeiffer, Sigourney Weaver, Kathleen Turner, Holly Hunter, Jodie Foster, Angela Bassett, Demi Moore, Sharon Stone, Meg Ryan, Julia Roberts, Salma Hayek, Sandra Bullock, Julianne Moore, Diane Lane, Nicole Kidman, Catherine Zeta-Jones, Angelina Jolie, Charlize Theron, Reese Witherspoon, y Halle Berry. La música es el Preludio de la Suite para Solo de Chello No. 1 en G Major, BWV 1007 interpretado por Yo-Yo Ma.
Devastación en el sur de Líbano...
Cuenta Hernán que lo que encontró lo conmovió profundamente y le hizo sentir indignación, dolor. ¿Cómo Israel, con el permiso del "mundo desarrollado", golpea de semejante manera a la población civil? La campaña de castigo colectivo se extendió y magnificó sobre el Líbano, sin distinción entre combatientes y no combatientes, entre chiíes, drusos, cristianos o sunníes. Todos pagaron por el secuestro de Hezbolá de dos soldados en la frontera.
sábado, 25 de agosto de 2007
30 de junio de 1520: Teocalhueyacan. «La Noche Triste»
Hernán Cortés pasa revista a los pocos sobrevivientes de su ejército, mientras la Malinche cose las banderas rotas.
Tonochtitlán ha quedado atrás. Atrás ha quedado la columna de humo que echó por la boca el volcán Popocatépetl, como diciendo adiós, y que no había viento que pudiera torcer.
Los aztecas han recuperado su ciudad. Las azoteas se erizaron de arcos y lanzas y la laguna se cubrió de canoas en pelea. Los conquistadores huyeron en desbandada, perseguidos por una tempestad de flechas y piedras, mientras aturdían la noche los tambores de la guerra, los alaridos y las maldiciones.
Estos heridos, estos mutilados, estos moribundos que Cortés está contando ahora, se salvaron pasando encima de los cadáveres que sirvieron de puente: cruzaron a la otra orilla pisando caballos que se habían resbalado y hundido y soldados muertos a flechazos y pedradas o ahogados por el peso de las talegas llenas de oro que no se resignaban a dejar.
Con los pobres de la tierra quiero yo mi suerte echar

Álvaro Herraiz comparte en flickr, estas fotos de un tapiz cubano de José Martí. Aquello de "Con los pobres de la tierra quiero yo mi suerte echar", ha sido siempre para mi un llamado... una vocación... Quise compartirlo con ustedes...
De donde crece la palma
y antes de morirme quiero
echar mis versos del alma
------------------------------------
Con los pobres de la tierra
Quiero yo mi suerte echar:
el arroyo de la sierra
me complace mas que el mar
José Martí
Tonantsin Renace
La wiki nos explica que Tonantzin fue una diosa madre lunar, en la mitología azteca. Como Tlaltecuhtli, a menudo se le describe como una rana que se tragó un cuchillo de piedra.
La Basilica of Guadalupe, el edificio religioso más importante del México moderno, fue construido sobre la pirámide azteca de Tonantzin. Algunos antropólogos sostienen, que Nuestra Señora de Guadalupe, es una forma cristianizada de Tonantzin.
Foto de funkandjazz








