lunes, 12 de febrero de 2007

testigo de Nicaragua


Decía hace casi 20 años Pedro Casaldáliga, obispo de Sao Felix de Araguaia, Brasil:

Yo, cristiano, obispo, allí en Nicaragua vi, y soy testigo: sigo pensando que Nicaragua tiene razón a pesar de todos los pesares y con todas las deficiencias y fallas.

Pienso que el proceso revolucionario de Nicaragua, hoy por hoy, era la única salida y continúa siendo la mejor salida, a pesar de todos los pesares y a pesar de todas las fallas, y dentro de esa perspectiva difícil, angustiante que Nicaragua vive.

Pienso también que la Iglesia -y concretamente la jerarquía- podía, puede y debe tener en Nicaragua palabras claras. La palabra de la Paz, evidentemente, que es tan cristiana. Es la primera y última palabra que nos dijo Jesús, en su nacimiento y en su resurrección. La palabra que él mismo es: "El es nuestra Paz".

Pienso que la Iglesia, la jerarquía, podía, debía y debe condenar abiertamente la agresión. Una agresión que es abiertamente imperialista, contra el derecho fundamental de los pueblos, que conculca abiertamente el derecho de gentes.

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Y yo, cristiano de a pie, acá en Venezuela veo, y soy testigo: sigo pensando (por ahora) que el proceso revolucionario de Venezuela, tiene razón, es la única salida, y continúa siendo la mejor salida, a pesar de todos los pesares y con todas las deficiencias y fallas.
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Pienso que la jerarquía debe de dejar de luchar por sus privilegios, y por los privilegios de otros poderosos, que tradicionalmente han sido sus aliados financistas.
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Pienso también que la jerarquía que debe asumir un proceso de conversión y penitencia, y volver sus ojos al pueblo. Debe optar por los pobres y por los procesos populares, y unirse a la caminada por la liberación popular.
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Esa fue la opción de Jesús, que sigue siendo hoy, provocación revolucionaria.
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(Texto de Pedro Casaldáliga, El vuelo del Quetzal; foto de Blanquernaradio)

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